A solo unas cuadras del Obelisco, el imponente palacio del siglo XX sigue fascinando a quienes pasean por la avenida Rivadavia.

Buenos Aires es tan cosmopolita como heterogénea en sus edificaciones que, al caminarla, uno puede en cada uno de sus barrios sumergirse en diferentes países del mundo y, sobre todo, conocer Europa sin cruzar los límites de la avenida General Paz.

En este nuevo fin de semana largo, ya que, por el Día de la Soberanía Nacional, este lunes 18 de noviembre es feriado en el país, recorrer la Ciudad de Buenos Aires desde la óptica arquitectónica es un buen plan para afines a la materia y un placer el hecho de poder conocer la historia y la cultura para todos los habitantes y visitantes, a través de sus edificios.

La Capital de Argentina tuvo dos fundaciones. La primera fue en 1536 a cargo de Pedro De Mendoza y, la segunda en 1580 por Juan De Garay. Desde entonces, la Cuidad de la Furia, como bautizó, Gustavo Cerati, uno de los cantautores más importantes de la historia del Rock Nacional en su canción, no para de crecer. En esa expansión inexorable cada uno de los inmigrantes que vivió en las tierras del Padre de la Patria, el General Don José de San Martín, imprimió su sello que a la fecha siguen siendo espacios de interés arquitectónico y patrimonio cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Un caso ejemplar es el tributo que se le brindó Antonio Gaudí, el Arquitecto español que cuando a principios del siglo XX que el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega (1878-1931) diseñó el edificio denominado La Casa o Palacio de los Lirios, ubicado en Avenida Rivadavia 203, columna vertebral de la Capital. La imponente edificación tiene tres plantas altas, la central en un plano más avanzado que acentúa la línea general ondulante del edificio dando cuenta del estilo europeo de la ciudad catalana de Barcelona que identifica el estilo de Gaudí. Tiene muros, balcones, enrejado y baranda superior con forma de hombre con barba.

Otro edificio que honra la memoria de Gaudí es el «No Hi Ha Somnis Impossibles». Este se encuentra en misma avenida Rivadavia, pero al 2009 y también es autoría de Rodríguez Ortega. El mismo exhibe y realza la impronta del español con su cúpula de 952 piezas de vidrio espejado.

El nombre del edificio fue nombrado con la leyenda en lengua catalana «No Hi Ha Somnis Impossibles» que significa «No hay sueños imposibles» y se deja ver en una pared de la construcción.

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