El Papa Francisco dejó una huella profunda con su mensaje de fe, empatía y humildad. Su figura trascendió la religión y se convirtió en un símbolo de unidad global.
Desde que Jorge Bergoglio fue elegido Papa en 2013, se convirtió en una de las voces morales más influyentes del mundo. Durante 12 años, habló con firmeza sobre el poder, la injusticia y el perdón, y logró acercarse a creyentes y no creyentes por igual.
Francisco fue mucho más que un líder religioso. Su apuesta por una Iglesia cercana, humana y comprometida lo convirtió en una figura respetada en todo el planeta. En sus últimos años, sus llamados a reconocer errores y a escuchar al otro lo conectaron con millones que buscaban consuelo en medio del ruido.
Sin embargo, en su país natal, su figura generó tensiones. Desde la indiferencia inicial de Cristina Kirchner hasta las duras críticas de Javier Milei cuando era panelista, pasando luego a despedidas solemnes, muchos dirigentes argentinos mostraron una relación ambigua con él.
Francisco nunca buscó protagonismo, pero lo alcanzó con gestos simples y un mensaje constante. Su legado está en lo que enseñó con el ejemplo: que la verdadera grandeza no necesita títulos ni poder, solo convicción y entrega al prójimo.






