El gobernador Rolando Figueroa asumió a su cargo con la tarea de llevar a cabo transformaciones estructurales orientadas a reconstruir la confianza en la provincia.
El gobernador Rolando Figueroa asumió su mandato con un objetivo claro: transformar el funcionamiento del Estado neuquino a partir de principios éticos sólidos. Desde el inicio de su gestión, puso en marcha una serie de reformas estructurales destinadas a transparentar la administración pública y a establecer una política de tolerancia cero frente a la corrupción. Esta decisión, según el propio mandatario, responde a la necesidad urgente de recuperar la confianza de la ciudadanía y garantizar un gobierno más cercano y responsable.
Entre las medidas implementadas se destacan la modernización de los procesos administrativos, la digitalización de trámites, la creación de mecanismos de control interno más eficaces y la publicación proactiva de información pública. Además, se han fortalecido los canales de denuncia ciudadana y se promueve la participación activa de la sociedad civil en cuestiones de gestión y rendición de cuentas. Estas acciones buscan no solo prevenir irregularidades, sino también generar una cultura institucional más abierta y comprometida con el bien común.
Figueroa ha reiterado que la transparencia no es una consigna vacía, sino una práctica diaria que debe guiar el accionar de todo el aparato estatal. En un contexto donde la desconfianza hacia la política es alta, el gobernador apuesta a marcar una diferencia desde la ejemplaridad y el compromiso ético. “No hay espacio para la corrupción en este gobierno”, ha dicho en reiteradas ocasiones, consolidando así un discurso que busca sintonizar con las demandas de una ciudadanía cada vez más crítica y exigente.






