Mientras algunos sectores arrastran déficits estructurales, la gran minería demuestra su potencia real como motor económico. Según datos del INDEC y el CEP XXI, entre 2017 y 2019, el 80,8% de la facturación de las grandes empresas mineras metalíferas quedó en el país: se destinó a salarios, compras a proveedores nacionales, impuestos y utilidades no remitidas al exterior
Solo un 19,2% de lo facturado se destinó a pagos al exterior, incluyendo importaciones directas e indirectas, intereses y dividendos. Esto, en un sector que exporta el 87,2% de todo lo que produce. El saldo es contundente: por cada USD 100 vendidos, USD 68 fueron divisas netas que ingresaron a la economía argentina, una performance que supera ampliamente a la de otros sectores productivos.
Con reglas claras, el sector no solo genera dólares genuinos sino que lo hace con altísima eficiencia, sin subsidios y con fuerte encadenamiento productivo. La minería no es un costo: es una oportunidad estratégica.
El 80,8% de la facturación permanece en Argentina (salarios, impuestos, compras a proveedores locales y utilidades no remitidas), mientras que el 19,2% se destina al exterior (importaciones directas e indirectas, pagos de intereses y remisión de dividendos).






