Recibir críticas puede doler, pero también puede enseñarnos mucho si sabemos cómo procesarlas. No todas las opiniones tienen el mismo peso, y aprender a filtrar es parte del crecimiento personal.

Lo primero es respirar y no responder en caliente. Cuando algo nos molesta, es fácil reaccionar de forma impulsiva. Tomarte un momento te permite responder con claridad en lugar de defenderte por reflejo.

Preguntate: ¿quién lo dijo?, ¿con qué intención?, ¿puedo aprender algo de esto? Si la crítica viene de alguien que te respeta y quiere ayudarte, quizás haya algo valioso que considerar.

Si es una crítica destructiva o malintencionada, no la lleves contigo. No todos los comentarios merecen tu energía. Aprender a soltar lo que no te construye es también una forma de autocuidado.

Aceptar la crítica útil y dejar ir la que no suma te da más confianza, no menos. Escuchar no significa que tengas que cambiar todo; significa que elegís crecer desde el equilibrio.

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