El calentamiento global es uno de los desafíos más urgentes que enfrenta la humanidad. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura media global ha aumentado aproximadamente 1,2 °C desde la era preindustrial. Este fenómeno se debe principalmente al aumento de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO₂), emitidos por actividades humanas como la quema de combustibles fósiles. El cambio climático ya está provocando alteraciones en los patrones climáticos, olas de calor extremas y fenómenos meteorológicos más intensos.

En 2023, la Organización Meteorológica Mundial informó que fue el año más caluroso jamás registrado, con temperaturas récord en varios continentes. Europa, por ejemplo, vivió olas de calor que superaron los 45 °C en países como España e Italia. Estas condiciones afectan la salud pública, especialmente entre los niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas. Además, el calor extremo provoca incendios forestales más frecuentes y destructivos, como los ocurridos en Canadá, Australia y Grecia.

El aumento del nivel del mar es otra consecuencia alarmante del calentamiento global. El deshielo de los polos y los glaciares, junto con la expansión térmica de los océanos, contribuye a este fenómeno. Ciudades costeras como Venecia, Miami y Yakarta ya enfrentan inundaciones frecuentes. De continuar esta tendencia, millones de personas podrían verse desplazadas en las próximas décadas, generando crisis humanitarias y migraciones masivas.

Los ecosistemas también están en peligro. La acidificación de los océanos, causada por la absorción de CO₂, amenaza los arrecifes de coral y la vida marina. Las especies terrestres, por su parte, deben adaptarse rápidamente o corren el riesgo de extinguirse. El informe «Planeta Vivo» de WWF advierte que desde 1970 las poblaciones de especies silvestres han disminuido en promedio un 69 %. Este deterioro de la biodiversidad debilita los servicios ecosistémicos de los que depende la humanidad, como la polinización, el suministro de agua y la regulación del clima.

A nivel político, el Acuerdo de París de 2015 representa un esfuerzo global para limitar el calentamiento a 1,5 °C. Sin embargo, muchos expertos advierten que los compromisos actuales de reducción de emisiones son insuficientes. Se necesita una transformación urgente hacia energías limpias, transporte sostenible y modelos económicos circulares. Países como Dinamarca y Costa Rica ya han demostrado que es posible avanzar hacia una economía baja en carbono sin sacrificar el crecimiento.

La acción individual también es clave. Reducir el consumo de carne, usar transporte público, reciclar y ahorrar energía son medidas que, multiplicadas por millones de personas, pueden marcar la diferencia. La educación ambiental y la presión ciudadana han llevado a cambios significativos en algunas políticas públicas. El calentamiento global no es un problema lejano, sino una realidad que exige responsabilidad y cooperación a todos los niveles para asegurar un futuro habitable.

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