La estructura demográfica de Argentina ha experimentado importantes transformaciones en las últimas décadas. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la población del país superó los 46 millones de habitantes en el Censo 2022. Esta cifra representa un crecimiento del 14,8 % respecto al censo anterior de 2010. Sin embargo, el ritmo de crecimiento poblacional se ha desacelerado, en línea con una tendencia común en muchos países de América Latina.

Uno de los cambios más notables es el envejecimiento de la población. El porcentaje de personas mayores de 65 años pasó del 10,2 % en 2010 al 11,5 % en 2022. Esto se debe a la combinación de una mayor esperanza de vida —que ronda los 76 años— y una baja tasa de natalidad. Este envejecimiento plantea desafíos en materia de salud pública, pensiones y servicios sociales, al mismo tiempo que genera oportunidades en sectores como la economía plateada y el cuidado de personas mayores.

La distribución geográfica también muestra marcadas desigualdades. Mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) concentra alrededor del 30 % de la población nacional, provincias como La Rioja, La Pampa o Tierra del Fuego tienen densidades muy bajas. Esta concentración demográfica genera presiones sobre la infraestructura urbana, el transporte y el acceso a servicios, al tiempo que evidencia la necesidad de políticas que fomenten un desarrollo más equilibrado en todo el territorio.

Otro aspecto relevante es la urbanización. Más del 92 % de la población argentina vive en zonas urbanas, lo que coloca al país entre los más urbanizados del continente. Esta tendencia, que se aceleró a lo largo del siglo XX, tiene consecuencias en términos de planificación urbana, vivienda, contaminación y acceso a espacios verdes. Al mismo tiempo, representa una oportunidad para desarrollar ciudades más inteligentes, sostenibles e inclusivas.

La migración también ha tenido un impacto importante en la demografía argentina. A lo largo de su historia, el país recibió grandes olas migratorias, especialmente de Europa y América Latina. En los últimos años, se ha registrado un incremento de migrantes provenientes de Venezuela, Bolivia y Paraguay. Aunque este fenómeno aporta diversidad cultural y capital humano, también requiere respuestas integrales para garantizar la integración social y el acceso a derechos básicos.

En conclusión, la dinámica demográfica en Argentina refleja una sociedad en transición, con retos significativos en salud, educación, vivienda y empleo. La clave estará en diseñar políticas públicas que respondan a estos cambios, promuevan la equidad territorial y aprovechen el potencial de una población diversa y en constante evolución. Comprender la evolución demográfica es esencial para planificar un desarrollo sostenible y justo a largo plazo.

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