¿Qué consecuencias podría tener relajar el control sanitario de las vacunas?
Desde los años ’90, Argentina invierte en campañas anuales de vacunación contra la fiebre aftosa. A través de laboratorios nacionales certificados, veterinarios autorizados y monitoreo por parte del Senasa, se logró mantener a raya un virus devastador para el ganado.
El país también desarrolló un sistema robusto de trazabilidad y vigilancia epidemiológica, que permite detectar y contener posibles focos antes de que escalen. Estos logros, valorados por los principales compradores internacionales, sustentan el prestigio sanitario del país.
Sin embargo, las nuevas regulaciones abren un atajo peligroso: permitir que vacunas autorizadas en otros países se usen acá sin pruebas locales. Si una de esas vacunas no genera inmunidad adecuada, o si contiene residuos no permitidos, las consecuencias no serán solo sanitarias: se cerrarán fronteras, se perderán mercados y miles de productores podrían quedar a la deriva. Vale preguntarse: ¿quién asume ese riesgo?






