El sector agropecuario argentino atraviesa un 2025 de recuperación parcial luego de la histórica sequía de 2023 y el repunte de cosechas en la última campaña. El aumento de la producción de soja, maíz y trigo impulsó las exportaciones, generando un alivio en las cuentas externas. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la cosecha total alcanzó las 125 millones de toneladas, un 43% más que el año anterior, con ingresos por exportaciones agroindustriales estimados en US$ 34.500 millones.
La campaña 2024/2025 marcó el regreso de la normalidad climática gracias al fenómeno de El Niño, lo que permitió una mejora sustancial en los rindes por hectárea. La soja alcanzó las 50 millones de toneladas, el maíz superó las 56 millones y el trigo se ubicó en torno a los 16 millones. Aun así, los márgenes siguen siendo ajustados por los aumentos en insumos dolarizados, combustibles y servicios, que encarecen la producción.
En el plano comercial, el gobierno eliminó las restricciones a las exportaciones de granos y carne, lo que fue bien recibido por las entidades rurales. También se avanzó en una reducción progresiva de las retenciones: la soja tributa hoy un 27%, el maíz un 10% y la carne un 7%, aunque el reclamo del sector es avanzar hacia su eliminación total. El oficialismo sostiene que es un proceso gradual “en la medida en que haya superávit fiscal sostenible”.
La mejora de las exportaciones fue clave para la acumulación de reservas del Banco Central y para sostener el tipo de cambio real competitivo. China, Brasil, India y la Unión Europea se mantienen como principales destinos, aunque la carne vacuna aún enfrenta trabas sanitarias y cupos en mercados clave. El sector oleaginoso sigue liderando las exportaciones con el 44% del total.
A pesar de los avances, persisten tensiones con el gobierno por la falta de financiamiento. Los créditos a tasas subsidiadas prácticamente desaparecieron y las líneas de inversión están atadas al sistema bancario privado, con tasas reales aún positivas. En muchas economías regionales esto representa un freno para modernizar infraestructura y tecnología. Desde CONINAGRO advierten que “sin acceso al crédito, no hay posibilidad de crecer”.
En las provincias del norte y Cuyo, la situación es más desigual. Si bien se normalizó la provisión de agua y el clima fue más benigno, los productores de frutas, hortalizas, vinos y caña de azúcar reclaman por el aumento del costo logístico y la competencia de productos importados. El tipo de cambio libre beneficia a los exportadores, pero encarece los insumos, lo que limita las ganancias reales.
El empleo rural mostró una leve recuperación en los últimos meses, pero aún no alcanza los niveles previos a la pandemia. En junio de 2025 se registraron 323.000 trabajadores formales en el sector, según AFIP, un 3,7% más que en 2024, pero con salarios reales que se encuentran un 15% por debajo del nivel de 2021. Las cooperativas rurales intentan contener la situación con programas de capacitación y redes de comercialización directa.
En suma, el campo se posiciona como uno de los pocos sectores con capacidad de generar divisas genuinas, pero su recuperación no es homogénea. La eliminación de trabas comerciales fue un paso importante, aunque la presión fiscal, la falta de crédito y la caída del consumo interno siguen generando un clima de incertidumbre. El agro espera previsibilidad y reglas claras para consolidar su rol en la economía nacional.
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