Viajar al exterior se ha vuelto una experiencia cada vez más costosa y selectiva para los argentinos. A pesar de la demanda sostenida por turismo internacional, los altos costos en dólares, los impuestos aplicados y la pérdida de poder adquisitivo limitaron el acceso para gran parte de la población. Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, en el primer semestre de 2025 salieron del país 2,8 millones de personas, un 14% menos que en el mismo período de 2023, y con una marcada concentración en viajes por motivos familiares o laborales.

El principal obstáculo sigue siendo el tipo de cambio. Aunque el gobierno eliminó parcialmente el “dólar tarjeta”, aún se mantienen recargos como el impuesto PAIS (30%) y una percepción a cuenta de Ganancias (30%) sobre los consumos en moneda extranjera. De este modo, el valor final de un dólar para turismo ronda actualmente los $1.450, casi el doble del oficial. Esto encarece no solo pasajes y alojamiento, sino cualquier gasto mínimo en el exterior, desde una comida hasta una entrada a un museo.

Los destinos más elegidos continúan siendo los países limítrofes, en especial Brasil, Uruguay y Chile, donde los costos son algo más accesibles por la cercanía y la posibilidad de viajar en auto. Sin embargo, destinos como Miami, Madrid o París, que históricamente fueron populares entre los argentinos, muestran una caída sostenida en la demanda. Las agencias de viaje reportan una mayor tendencia a planificar con mucha anticipación, optar por paquetes promocionales y elegir temporadas bajas para abaratar costos.

El turismo estudiantil también enfrenta dificultades. Programas de intercambio, posgrados y cursos de idiomas en el exterior se volvieron casi prohibitivos para muchas familias. La devaluación del peso frente al dólar y el euro, junto con restricciones para la compra de divisas, afectaron incluso a quienes contaban con becas parciales. Las universidades argentinas advierten sobre una caída en la movilidad internacional de sus estudiantes y docentes, lo que impacta negativamente en la formación académica.

Por otro lado, el turismo emisivo dejó de ser una salida masiva de divisas como en años anteriores. El Banco Central informó que en el primer semestre de 2025, el gasto con tarjeta en el exterior representó apenas el 3,5% del total de importaciones de bienes, muy por debajo de los niveles prepandemia. Este dato alimenta el debate sobre si siguen justificándose las actuales restricciones para viajar, que muchos consideran excesivas frente al impacto real en la balanza de pagos.

Aun así, los viajes internacionales siguen siendo un objetivo para sectores medios y altos, que los consideran parte de su estilo de vida o aspiraciones culturales. El fenómeno de los «viajes por cuotas» continúa vigente, con planes de financiación de hasta 12 meses ofrecidos por bancos y agencias. Además, crece la tendencia del «viaje trabajo», especialmente entre jóvenes que combinan estadías en el exterior con empleos temporales o freelance para sostenerse económicamente.

En definitiva, viajar al exterior desde Argentina se mantiene como una posibilidad, pero cada vez más condicionada por factores económicos y financieros. El acceso al dólar, la inflación local y la volatilidad macroeconómica seguirán marcando el ritmo del turismo internacional en el país. Mientras tanto, muchos argentinos optan por destinos nacionales o postergan sus planes hasta que el escenario se estabilice.

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