La última semana de agosto empieza primaveral, pero los modelos meteorológicos ya se plantean un escenario típico de fin de invierno: el mítico temporal de finales de mes. ¿Cuánto hay de leyenda y cuánto de ciencia detrás del fenómeno?
Con una semana inaugurada por temperaturas amenas y estabilidad climática en gran parte del país, la mirada ya se fija en el cierre de agosto. ¿Regresará la emblemática tormenta de Santa Rosa, ese clásico de finales de invierno que muchos esperan?
Un análisis histórico del Servicio Meteorológico Nacional revela que en el período cercano al 30 de agosto se registraron tormentas en más de la mitad de los años, lo que otorga al fenómeno una fuerte base estadística. Aunque la tradición popular lo sitúa con frecuencia entre el 25 de agosto y el 4 de septiembre, los modelos de pronóstico a mediano plazo ya apuntan indicios de inestabilidad hacia el 30 y 31 de agosto, especialmente en la zona central y el litoral.
El pronóstico anticipa un aumento de la humedad y viento norte persistente, condiciones climáticas que suelen predisponer al desarrollo de tormentas intensas. Aun así, los expertos insisten: todavía es temprano para evaluar la magnitud del episodio.
La leyenda detrás del nombre del fenómeno proviene del siglo XVII: se cuenta que Isabel Flores de Oliva, luego Santa Rosa de Lima, logró frenar un ataque pirata mediante intensas rogativas, tras las cuales estalló una tormenta que disuadió a los invasores. Desde entonces, cualquier fuerte tormenta cercana al 30 de agosto adquirió esa denominación popular.
Más allá del aspecto mitológico, hay una explicación científica: el fin del invierno trae consigo el choque entre los frentes fríos todavía vigentes y masas de aire cálido y húmedo que ingresan por el norte o desde el Atlántico. Esa interacción provoca inestabilidad atmosférica y favorece la formación de tormentas eléctricas y lluvias intensas.
Mientras tanto, en esta última semana de agosto predominan condiciones agradables y por encima de los valores medios invernales. No obstante, la expectativa está puesta en el fin de semana próximo: si la historia y los pronósticos coinciden, Argentina podría volver a vivir uno de sus fenómenos climáticos más emblemáticos.






