Dormir bien es tan importante como comer sano o hacer ejercicio, pero muchas veces lo pasamos por alto. En una sociedad donde estar ocupado es visto como sinónimo de productividad, el sueño suele sacrificarse en nombre de la “eficiencia”.

Sin embargo, la ciencia es clara: dormir entre 7 y 9 horas por noche es esencial para que el cuerpo y el cerebro funcionen correctamente. Durante el sueño se reparan tejidos, se refuerza el sistema inmunológico y se consolidan los recuerdos y aprendizajes del día.

La falta de sueño se asocia con una larga lista de problemas: fatiga, irritabilidad, baja concentración, obesidad, enfermedades cardiovasculares y un mayor riesgo de depresión. Incluso unas pocas noches de mal descanso pueden afectar tu rendimiento y estado de ánimo.

No solo importa cuánto dormimos, sino también cómo. El sueño profundo y el REM son fases clave que no siempre se alcanzan si nos despertamos constantemente o dormimos en ambientes ruidosos o con luz artificial.

Para mejorar la calidad del sueño, se recomienda establecer rutinas: acostarse y levantarse a la misma hora, reducir el uso de pantallas antes de dormir, evitar cafeína en la tarde y crear un ambiente tranquilo y oscuro en el dormitorio.

Dormir bien no es un lujo, es una necesidad biológica. Proteger nuestras horas de descanso es una forma simple pero poderosa de mejorar nuestra salud física, mental y emocional. Porque descansar bien… es vivir mejor.

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