El debate sobre el futuro de la inteligencia artificial volvió a ocupar el centro de la escena con las declaraciones de Sam Altman, CEO de OpenAI, quien presentó su visión sobre cómo los sistemas como ChatGPT están transformando la vida cotidiana y, al mismo tiempo, desafiando los marcos éticos y políticos tradicionales. Para Altman, la IA ya no es solo una herramienta técnica, sino un actor capaz de generar aprendizajes, tomar decisiones y poner en tensión valores fundamentales a escala global.

“El avance es tan rápido que a veces resulta difícil dimensionar lo que significa. Pero lo cierto es que estamos entrando en una etapa en la que la IA no solo responde, sino que también aprende de forma continua y enfrenta dilemas que nos obligan a reflexionar como sociedad”, explicó. Según el empresario, el gran reto no está en el desarrollo de modelos más potentes, sino en la capacidad humana de gobernarlos con responsabilidad y transparencia.

Altman reconoció que la IA abre oportunidades inéditas en medicina, educación, investigación científica y productividad, pero también advirtió sobre los riesgos de la desinformación, la manipulación y el uso militar. “Las máquinas no tienen moralidad; son los humanos quienes deben decidir qué límites poner. La pregunta no es si la IA puede hacerlo, sino si nosotros debemos permitirlo”, enfatizó.

En la conversación también abordó la cuestión de la gobernanza global. Para él, los dilemas éticos que plantea la inteligencia artificial trascienden las fronteras nacionales y requieren una coordinación internacional similar a la que se discute en torno al cambio climático. “Lo que está en juego es demasiado grande para dejarlo en manos de unos pocos actores privados o de regulaciones aisladas”, señaló.

Altman, que en los últimos años se convirtió en una figura clave dentro del ecosistema tecnológico, se mostró optimista frente al potencial de la IA, aunque insistió en que la sociedad debe prepararse para convivir con una tecnología que cambia las reglas del juego. “Si somos capaces de guiarla con responsabilidad, la inteligencia artificial puede ayudarnos a resolver algunos de los mayores problemas de la humanidad. Pero si la dejamos avanzar sin control, corremos el riesgo de que esas mismas capacidades se vuelvan en nuestra contra”.

Su mensaje combina esperanza y advertencia: la inteligencia artificial ya está aquí y no se detendrá; lo que falta definir es cómo los seres humanos elegimos convivir con ella.

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