La digitalización y la adopción de nuevas tecnologías están transformando el mercado laboral en Argentina, generando oportunidades pero también desafíos estructurales. Según un informe del Ministerio de Trabajo, cerca del 27% de las empresas ya implementan inteligencia artificial o automatización en procesos administrativos y de producción, mientras que el teletrabajo mantiene una participación del 18% sobre el total de empleados registrados en sectores urbanos.

El impacto en el empleo es desigual. Si bien se crean nuevos puestos en programación, análisis de datos y ciberseguridad, algunos rubros tradicionales enfrentan reducción de personal debido a la automatización. La industria bancaria, logística y manufacturera son los sectores más afectados por la robotización de tareas rutinarias. Expertos destacan que la reconversión laboral y la capacitación continua son fundamentales para evitar un aumento del desempleo estructural.

La educación tecnológica es clave para la adaptación. Universidades y programas privados aumentaron la oferta de cursos de programación, marketing digital y diseño de software, pero todavía existe una brecha significativa entre la demanda de habilidades y la formación disponible. Según el Observatorio de Innovación Tecnológica, alrededor del 40% de las empresas del sector IT reporta dificultades para cubrir vacantes especializadas.

El Gobierno lanzó iniciativas de apoyo a startups y pymes digitales, con créditos blandos, subsidios fiscales y programas de incubación tecnológica. Estos incentivos buscan estimular la creación de empleo de calidad y fomentar la innovación. Sin embargo, especialistas advierten que la regulación de la economía digital y la protección de derechos laborales en plataformas sigue siendo insuficiente, lo que genera incertidumbre para trabajadores y empleadores.

La automatización también plantea debates sobre desigualdad. Trabajadores con formación técnica avanzada acceden a empleos mejor remunerados, mientras que aquellos con bajo nivel educativo enfrentan mayor riesgo de exclusión laboral. Organizaciones sindicales reclaman programas estatales de capacitación y políticas de transición justa para sectores vulnerables, con el objetivo de mitigar los efectos sociales de la transformación digital.

A largo plazo, la integración de la tecnología puede aumentar la productividad y generar nuevos mercados, pero requiere planificación estratégica y coordinación entre empresas, Estado y educación. La digitalización, concluyen los especialistas, no es solo un desafío económico, sino también social: si se gestiona adecuadamente, puede impulsar crecimiento y empleo; si se ignoran las brechas, puede profundizar la desigualdad en el país.

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