Meses antes de cometer el doble femicidio que conmocionó a Córdoba, Pablo Laurta ya difundía un discurso abiertamente antifeminista y contrario a las leyes de protección hacia las mujeres.
Durante esa conversación, realizada en el marco de una presentación del libro El libro negro de la nueva izquierda, Laurta acusó a la ley de violencia de género de “atropellar derechos masculinos” y sostuvo que “un hombre puede terminar en un calabozo sin que se respete el debido proceso”. Su discurso reflejaba una postura de victimización masculina y rechazo a los avances en materia de igualdad de género.
El ahora detenido también atacó lo que llamó “ideología de género” y los “lobbies LGBT”, a los que responsabilizó de influir en la política, la educación y los organismos internacionales. Además, aseguró que el Estado “discrimina a los hombres”, citando casos en los que —según él— los varones no reciben la misma asistencia social que las mujeres.
Estas declaraciones, que hoy recobran relevancia tras su detención por el asesinato de su expareja y su exsuegra, exponen un patrón de pensamiento violento y misógino. Su discurso, entonces limitado al ámbito público y mediático, terminó anticipando una escalada trágica hacia la violencia extrema.






