El sistema educativo argentino atraviesa un momento crítico. Los resultados de las últimas pruebas Aprender 2024 revelaron que 4 de cada 10 estudiantes de nivel secundario no alcanzan los niveles básicos en Lengua y Matemática. La caída del rendimiento académico, sumada al ausentismo docente y la falta de infraestructura, dibuja un panorama preocupante para el futuro del país.

La brecha entre provincias se profundiza. Mientras en la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba más del 70% de los alumnos logra resultados satisfactorios, en el norte y el conurbano bonaerense el porcentaje desciende por debajo del 40%. Los especialistas advierten que la desigualdad educativa reproduce las diferencias sociales y limita las oportunidades de desarrollo regional.

El Ministerio de Educación reconoció que los problemas de aprendizaje se agravaron tras la pandemia y que aún no se logró una recuperación plena. En 2025 se puso en marcha un nuevo Plan Nacional de Alfabetización, destinado a fortalecer la lectura y escritura en los primeros años del nivel primario. Sin embargo, las provincias reclaman más recursos y acompañamiento técnico para implementarlo.

Otro desafío estructural es la deserción escolar. Según datos oficiales, el 15% de los adolescentes abandona la escuela antes de terminar el secundario, principalmente por motivos económicos o por la falta de interés en la propuesta educativa. En contextos de vulnerabilidad, muchos jóvenes eligen incorporarse tempranamente al mercado laboral informal.

La infraestructura educativa también muestra déficits significativos. Más del 30% de los establecimientos públicos presenta problemas edilicios o falta de servicios básicos. En varias provincias del norte, las clases debieron suspenderse durante el invierno por falta de calefacción o problemas de agua potable. Los gremios docentes reclaman un plan federal de obras y una actualización salarial que acompañe la inflación.

Pese al contexto, el sistema educativo argentino conserva fortalezas. El acceso gratuito a todos los niveles, la red de universidades públicas y el compromiso de los docentes siguen siendo pilares del modelo. Además, las experiencias de innovación digital y escuelas técnicas con formación en oficios muestran resultados alentadores en varias jurisdicciones.

De cara al futuro, el consenso entre especialistas es claro: sin educación de calidad no hay desarrollo posible. La mejora del sistema requiere inversión sostenida, evaluación continua y políticas que trasciendan los ciclos políticos. En un país que se enorgullece de su tradición educativa, recuperar la confianza en la escuela pública es uno de los grandes desafíos de la Argentina contemporánea.

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